viernes, 25 de enero de 2013

¿Como dos gotas de agua?

El mismo peso, la misma altura, rostros semejantes y gestos calcados. Los gemelos idénticos comparten la totalidad del material genético, lo que hace que diferenciarlos físicamente a veces se convierta en misión imposible. Sin embargo, uno puede desarrollar una enfermedad y el otro no. La clave está en las variaciones epigenéticas de su ADN. Estudiar de qué forma les influye la herencia genética y el ambiente sirve para explicar la incidencia de dolencias en el resto de la población.



Con seis años, Rocío tuvo varicela y, dos semanas después, le tocó a Mónica. Si a Rocío le empezaba a doler la garganta, a Mónica le diagnosticaban amigdalitis unos días más tarde. Lo mismo ocurría con la gastroenteritis y las incómodas liendres. A ambas les tuvieron que sacar las cuatro muelas del juicio por falta de espacio, pero Mónica tuvo un tipo de conjuntivitis un par de veranos y Rocío no. También se le repetían hongos en la planta de los pies y a Rocío no; y la tuvieron que intervenir de una hernia y a Rocío no le diagnosticaron ninguna.
Ambas son hermanas gemelas idénticas, es decir, comparten el 100% de la información genética, lo que se traduce en el mismo peso, la misma altura y similares facciones.
Sin embargo, el organismo de cada una de ellas evoluciona de forma diferente, debido, en gran parte a la epigenética. Sus genes son los mismos, pero su epigenética es distinta.
"Se decía que el ADN era el libro de la vida, pero le faltaban las comas, los puntos…, es decir, la epigenética". Manel Esteller, director del programa de Epigenética y Biología del Cáncer del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), define así esta rama de estudio de los genes.
Si la genética se detiene en las alteraciones que afectan a la secuencia del ADN, la epigenética se centra en las modificaciones químicas que alteran la expresión de esta secuencia.

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